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Ordenarán a dos diáconos de la Diócesis de La Rioja

Será el 9 de este mes y la ceremonia será presidida por el obispo Braida.

Diego Olivera y Juan Manuel Gómez son dos seminaristas que el 9 de diciembre serán ordenados diáconos por Monseñor Braida en la Catedral de La Rioja.

Por ello es que de la Diócesis de La Rioja publicaron y difundieron sus apreciaciones, las vocaciones que despertaron ante este trascendental momento en su carrera religiosa.

Con respecto a su vocación, Juan Manuel indicó: “Hablar desde ¿cuándo comenzó mi camino de formación y mi proceso vocacional? me remonta varios años atrás en el tiempo. Podría empezar por decir que inicié mi camino de formación en el Seminario de Arquidiocesano de San Juan «Nuestra Señora de Guadalupe y San José» en el año 2007 cuando Monseñor Roberto Rodríguez (+Q.E.P.D.) me invitó a dar el paso de ingresar al seminario luego de haber tenido varias charlas con él durante el año anterior de un camino de discernimiento durante mi último año de secundario y habiendo cumplido los 18 años en enero ingresé en febrero del año 2007.

Completé toda mi formación inicial allí en los 8 años de formación en filosofía y teología y luego en el año 2015 regresé a la diócesis de La Rioja para mi etapa de formación Pastoral en la parroquia. Lógicamente todo esto tuvo sus idas y vueltas tuvo sus momentos de alegría y sus momentos de dolor.

Ese año 2015 con la muerte de mi madre y por distintas situaciones que se fueron dando me llevó a interrumpir el proceso de formación. Pero justamente fui descubriendo a lo largo de ese tiempo, que duró casi otros 8 años, mi camino de seguimiento como una historia de salvación. Confirmando las motivaciones y recibiendo también algunas purificaciones en mi camino que me fueron ayudando a madurar como persona y también como creyente y especialmente como discípulo de Jesús”, informó.

“Pero si tengo que irme mucho más atrás en el tiempo mi vocación comienza en mi niñez cuando de pequeño conociendo nuestra devoción y piedad popular riojana, en las procesiones y especialmente en el tinkunaco, mi corazón empezó a sentir el deseo de ser sacerdote y este testimonio me lo dieron mis abuelos, mis padres y mi familia en general, quienes afirman que, desde muy pequeño, cuatro o cinco años, yo ya expresaba mi deseo de ser sacerdote.

En el camino de la fe fui creciendo también en mi relación personal con Dios y aprendiendo a conocer la comunidad, la vida y actividades de la Iglesia y después de mi Primera Comunión también en un camino de cercanía con el sacerdote de mi parroquia siendo monaguillo y también al acompañar la catequesis y la perseverancia. Luego en mi adolescencia al prepararme para la confirmación, fui sintiendo cada vez más fuerte la voz del Señor que me invitaba a este camino especial cerca de él y así fue que a los 16, luego de haber tenido también una experiencia de encuentro personal fuerte con Dios en un retiro espiritual, comencé a sentir la inquietud y la duda interior por la vocación al sacerdocio”, comentó.

En tanto que para Diego: “En cuanto a la preparación, yo creo que Dios siempre me ha ido preparando a lo largo de toda la vida sobre todo lo pude percibir después del sacramento de la confirmación. Desde ese momento inicié un camino de vida parroquial en distintas actividades: como catequista, en el grupo juvenil más precisamente en la Acción Católica Argentina, en el servicio del altar como monaguillo.

Sin lugar a dudas las oraciones que me enseñaron mi madre y mi abuela también son parte de esta preparación para profundizar en el diálogo con Dios y así fue surgiendo la inquietud vocacional. Después de dos períodos de discerniendo, ingresé al seminario en febrero el año 2014. Y allí comenzó una formación más integral en esta vocación concreta, en distintas dimensiones: humana, espiritual, intelectual, comunitaria y pastoral”, aseveró.

Hay instancias previas que mueven a estas personas antes de ser ordenados como diáconos. “Hablar de un sentimiento me resulta muy difícil por lo que debería decir que siento muchas cosas que quizás no puedo expresar con palabra. Siento una profunda alegría ya que estoy viendo realizarse el sueño que durante tanto tiempo anhelé y que por momentos se me hacía cada vez más difícil alcanzar. Siento una gratitud enorme con Dios que no se dejó ganar en generosidad y que supo guiarme de la mano a lo largo de todo este tiempo, Además agradecido con mi familia, que supo acompañarme, esperarme, tenerme paciencia y nunca me abandonaron.

Y también agradecido con todo el pueblo de Dios, las comunidades, mis hermanos en la fe y las personas con quienes compartí durante todos estos años en las distintas situaciones de la vida de cada día en la parroquia, en el trabajo, en los barrios, etc., que me fueron apoyando y alentando a seguir al lado de Jesús y no dejar de confiar en su Palabra”, opinó Juan Manuel. “Mucho entusiasmo por seguir viendo como Dios realiza la obra que pensó en mí desde un principio y cómo puedo desde mi humanidad frágil, servir a los demás y estar a disposición del anuncio del Evangelio y de impulsar a una comunidad que quiere verdaderamente seguir los pasos de Jesús en las acciones concretas del testimonio de un cristiano comprometido con los demás, especialmente con los que sufren y los que están más necesitados.

Aceptando también el desafío de dar la respuesta que la Iglesia de hoy necesita y que el mundo en el que vivimos necesita para encontrar a Dios”, reflexionó. “Estos días previos a la ordenación los vivo con mucha alegría también con un poco de ansiedad y con un poco de tensión por los distintos detalles en torno a la celebración, pero sobre todo con mucha alegría. Y preparando el corazón para poder realmente dar un sí, no solo en palabras sino en gestos concretos de amor y de servicio”, reforzó Diego.

Sus recuerdos

Juan Manuel: “Ciertamente hay muchos, sobre todo en esta última etapa, pero puedo destacar dos: el recuerdo de mi mamá Norma del Valle”, puntualizó Juan Manuel. “En estos días pienso como fue todo mi camino, voy recordando sobre todo aquella primera etapa de la inquietud vocacional, pienso mucho y rezo también por los jóvenes que están con alguna inquietud vocacional en su corazón. Pienso también en las experiencias vividas en la vida comunitaria del seminario”, determinó Diego.

 

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