18.6 C
La Rioja
martes, mayo 11, 2021
Inicio Locales La capital riojana, una ciudad con pocos árboles que contribuyan a mitigar...

La capital riojana, una ciudad con pocos árboles que contribuyan a mitigar el calor

Los árboles son muy valorables por su sombra o como elemento decorativo urbano. Su necesidad se multiplica en aquellas ciudades donde las temperaturas son muy elevadas.

La ciudad capital muestra una orfandad de especies, situación que se ha complicado como consecuencia del último temporal de viento en la que se destruyeron alrededor de 300 ejemplares.

Habitar en la Capital y no disponer al menos de un árbol es una situación que invita vivir en el riesgo de las inclemencias del tiempo, en especial durante el verano, en el que las temperaturas medias superan los 35 grados con mucha facilidad. Los árboles son un elemento indispensable para una ciudad, pues ayudan a mitigar los impactos negativos de la urbanización y se convierten en filtros para amortiguar las radiaciones solares.

En el caso particular de La Rioja hasta forman parte de la memoria colectiva de la ciudad, tal cual los mencionó Ricardo Mercado Luna cuando hizo referencia en su libro “La ciudad de los naranjos” a las populares especies que adornaban la Plaza 25 de Mayo. Medios El Independiente hizo un recorrido por distintas calles del casco céntrico de la Capital en una jornada en la que la columna mercurial trepaba los 40 grados y se pudo observar que las calles parecían incandescentes a la luz solar por la falta de un tamiz vegetal que atenuara la fuerza de los rayos solares.

El sol se transformó en el rey de la ciudad, pues sigue gobernando con su luz todos los espacios vacíos desprovistos de un árbol o algún manto de vegetación. Transitar por las veredas en horas del mediodía es una aventura casi riesgosa, donde el peatón o transeúnte no encuentra un techo arbóreo como para guarecerse o protegerse de las inclemencias de febo. Una ciudad carente de árboles como la ciudad capital es un espacio que parece llevar a cada riojano a un mundo infernal, cuya temperatura se multiplica cuando las baldosas de sus veredas o el negro del pavimento contribuyen a elevar los grados del ambiente que se tornan insoportables para cualquier ser vivo que se atreva a circular pasado el mediodía.

Los pocos árboles que se levantan como rebeldes parecen desafiar al cielo como pidiendo clemencia para llorar su poca transpiración y convierten a la capital en una ciudad gris, donde la mayoría de sus habitantes no encuentran una sombra donde cobijarse. Por eso es fácil deducir que quienes habitan en esta ciudad parecen vivir en un desierto, padeciendo cada día los efectos de una política urbanística comprometida con las urgencias climáticas.

Transitar por calles y avenidas y ver la orfandad de vegetación arbórea es como un grito al cielo, donde también cuenta la actitud negligente del vecino que no muestra preocupación para cultivar una planta y brindarle la atención, o lo que es peor, las manos criminosas de quienes sin razón alguna se dedican a destruir las pocas plantas que ornamentan las veredas, o la actitud diríase dañina cuando alguna empresa con el argumento de que no afecten los cableados se dedican no a podar, sino a talar viejos y añosos árboles. También es triste mencionar y viene al caso, cuando años atrás al momento de realizarse la refuncionalización de la continuidad de la avenida Ortiz de Ocampo hacia el sur, las autoridades de ese momento, al construirse el cantero central en vez de plantar árboles que aseguren al cabo de algunos años una fresca sombra, se colocó una extensa hilera de cactus y grandes macetas que luego se transformaron en una mediocridad por la falta de prevención y cuidado.

Días pasados, como consecuencia del temporal de viento que azotó esta Capital, en  la que cayeron cerca de 300 árboles, la intendenta Inés Brizuela y Doria prometió reponer al doble las especies. Bueno sería también que donde no haya ejemplares se planten nuevos árboles.

Tan importante son los árboles que al hasta el recordado Horacio Guaraní le dedicó una canción a un árbol que lo llamó “Guillermo” y que tituló “Yo tengo un amigo nuevo”, algunos de cuyos versos expresaba: “Yo tengo un amigo nuevo/ que ni sé cómo se llama/ yo le digo: hola Guillermo/ ni bien abro las ventanas” y en otra parte expresaba: “Arbolito compañero/ vecino de mi ventana/ si el mate se me hace amargo…/ ¡dame tu verdor al alba!.

Beneficios

Los árboles generan oxígeno, absorben dióxido de carbono y retienen los polvos y partículas que se mantienen en el ambiente.

Además, también reducen el molesto ruido que se produce en la mayoría de las grandes ciudades, tráfico, cláxones, sirenas, gritos, obras, todos estos molestos sonidos resultan atenuados por los follajes de los árboles, que hacen una labor de barreras antisonido, de aislantes acústicos, retrasando o, incluso, deteniendo las ondas sonoras.

También regulan y actúan sobre el clima, ya que aumentan la humedad del ambiente y disminuyen la temperatura en verano y la aumentan en invierno, además de generar corrientes de aire y constituir pantallas contra el viento, la lluvia, la nieve, el granizo o los rayos solares.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí